lunes, 12 de enero de 2009

Irreal


Me siento irreal. Suspendida en el tiempo, que cada vez pasa de manera más lenta. Miro el reloj en la pared, y las agujas son tan lentas y silenciosas que pareciera que no se mueven. Me siento exhausta, cansada de todo, cansada de la vida. Me siento tan pequeña , tan diminuta, en un mundo tan grande. Siento que no soy nadie.

A lo mejor todo fue un sueño, y estoy esperando a que me despierten de esta pesadilla.

Siento que estoy flotando en el cielo, sobre una esponjosa nube, esperando a que alguien me agarre y me lleve a la Tierra, donde el tiempo pasa rápidamente, donde soy alguien.

Estoy esperando a que alguien me arrastre a la realidad.

martes, 6 de enero de 2009

Nuevo año


(escrito el miércoles 31 de diciembre, a las 11:18 pm, en Maitencillo)


Mañana va a ser un nuevo año.

Mirando el mar, me doy cuenta de que las olas representan este, representan un cambio. Se llevan lo malo, traen lo bueno, lo lindo, como las conchas que uno encuentra en la playa. Hasta podría decir que las olas traen nuevas experiencias, estos cambios, que son las conchas que uno encuentra a lo largo del año.

Este será un mejor año. Lo puedo sentir, y ansiosa lo espero.

lunes, 5 de enero de 2009

Imaginación..


Ella se acuesta en la terraza, mira el mar, y respira profundamente.
Piensa cómo sería si él estuviera allí, junto a ellos.
Cierra los ojos, respira profundamente de nuevo, y se lo imagina sentado con los demás, riéndose y jugando cartas, como si nada malo hubiera pasado, como los viejos tiempos.
¡Cuánto lo extraña, cuánto le hace falta!
Su imagen ya no es tan clara, sólo puede ver su cara de manera borrosa. Ya han pasado 7 meses, y poco a poco la imagen de él se ha ido borrando en su mente.
La ausencia de él se nota más que nunca cuando están reunidos en familia, y ella puede sentir la nostalgia, disimulada, en el ambiente.

La vida continúa..


Nunca había perdido a un ser querido..
Todo pasó tan rápido. Ya han pasado siete meses, pero para mí han sido como años.
La muerte de mi padre fue trágica e inesperada. De un día para otro, quedó en coma, y estuvo así por 15 días, hasta que se fue.
Al principio, la rabia y desesperación me consumían. ¿Por qué él fue el elegido, y yo no? A lo mejor, si yo estuviera muerta, y el vivo, no todos sufrirían tanto. Lamentablemente, no fue así. No me quedó otra que acostumbrarme a su ausencia, a la tristeza que abundaba en la casa, al vacío que todos sentíamos y que sabíamos que nunca se llenaría.
La vida continúa, me dije a mí misma. No me queda otra que vivirla, y tratar de hacerlo de la mejor manera.